La invención de la naturaleza es, sin duda, uno de los libros que más me ha impactado en mi carrera como bióloga.
Alexander von Humboldt es definitivamente uno de mis referentes en la vida tanto personal como profesional: un explorador sensible, curioso y profundamente humano.
Imaginen la voluntad que se necesita para recorrer el mundo durante años, sin certezas, solo con el deseo de entender cómo funciona la vida. El verdadero “quién pudiera”, como decimos en Argentina.
Este libro lo recomiendo desde el fondo del corazón. Es extenso, pero si eres ecólogo, biólogo o simplemente un alma curiosa que ama la naturaleza, te va a encantar. De hecho, de solo recordarlo, me dieron ganas de volver a leerlo jaja
En fin, quiero compartir una parte del libro que me marcó especialmente.
En pleno siglo XIX, cuando el mundo apenas comenzaba a industrializarse, Humboldt fue testigo del primer indicio del cambio climático. Sí, hace más de doscientos años. Y, sí, nadie lo escuchó.
“Fue allí, en el lago Valencia, donde Humboldt desarrolló su idea del cambio climático provocado por el ser humano.
Cuando los bosques se destruyen, como han hecho los cultivadores europeos en toda América, con una precipitación imprudente, los manantiales se secan por completo o se vuelven menos abundantes.
Los lechos de los ríos, que permanecen secos durante parte del año, se convierten en torrentes cada vez que caen fuertes lluvias en las cumbres.
La hierba y el musgo desaparecen de las laderas de las montañas junto con la maleza, y entonces el agua de lluvia ya no encuentra ningún obstáculo: en lugar de aumentar poco a poco el nivel de los ríos mediante filtraciones graduales, forma surcos en las laderas, arrastra la tierra suelta y provoca esas inundaciones repentinas que destruyen el país.”
— Andrea Wulf
Humboldt observó con atención y con el corazón. Entendió que todo en la Tierra está conectado y que nuestras acciones alteran esos delicados equilibrios. Ya en su tiempo advirtió que, si seguíamos por ese camino, las consecuencias serían —como lo son hoy— catastróficas.
Es triste ver que, dos siglos después, seguimos repitiendo los mismos errores y nos encontramos aún peor. A veces cuesta tener esperanza. Pero creo que lo importante es no rendirse: aprender, inspirarnos en quienes vinieron antes y recordar que la ciencia debe nacer del amor.
Humboldt fue, ante todo, un ser humano curioso que quiso comprender la vida para cuidarla. Nos enseña que siempre se puede ser mejor, y que es nuestra responsabilidad intentarlo.
Quizás no podamos cambiar cómo todos ven la naturaleza, pero sí podemos cambiar cómo la miramos nosotros. Y aunque parezca poco, es un montón. Nunca subestimes el impacto que tienes en otros, puedes inspirar a muchos aunque no lo sepas y aún si no es tu intención. Como decía Jane Goodall, cada día que pasa tenemos un impacto en el mundo, tú eliges qué tipo de impacto será.
“Todo es interacción y reciprocidad.” — Alexander von Humboldt
En donde quiera que estés: gracias, Humboldt, por recordarnos que para estudiar la vida hay que mirar con el corazón.

